Un peso ligero con buena pegada y mucho alcance: el .243 Winchester

Martes, 14 Octubre   

Bien conocido entre los que recechan, el .243 Winchester en realidad tiene una capacidad de aplicación mucho mayor, razón por la que es uno de esos calibres que los fabricantes de cartuchos y rifles de todo tipo ofrecen en todo el mundo.

Este popularizador del calibre 6 mm apareció en 1952 como transformación del .308 Winchester, al que se hizo poco más que estrechar el gollete para engarzar las balas (recordemos que ese nombre sólo se aplica a los proyectiles, no a los cartuchos de rifle completos) de calibre 0,243 de pulgada (6,17 mm) que emplean los cañones con ánima calibre 6 mm.

Hablamos de un cartucho con bala de pequeño diámetro y con vaina compacta (51 mm de largo), pero bastante potente (260-290 kilográmetros de energía, alrededor del doble que el .222 Rem, algunos 44 Mag., etc.) y de notables cualidades balísticas. Aunque supera ligeramente los 1.000 m/s con balas de 80 grains (5,2 gramos), su velocidad inicial es de unos 900 (cargas americanas suaves) a 950 m/s (cargas europeas de Norma, RWS, o americanas fuertes Light Magnum / High Energy, con cañones de 60 cm) con las balas pesadas de 95 a 100 grains (6,16 a 6,48 g), que en realidad son las que consideramos más adecuadas para nuestro país —aunque en diferentes tipos, según las piezas y condiciones de uso: una de expansión rápida y buena forma para rececho (Ballistic Tip o Winchester Ballistic Silvertip, etc.) o para montería con núcleo soldado (Norma Oryx, Speer Nitrex Grand Slam, Remington Core Lokt Ultra Bonded) que cumplen perfectamente en ciervo y jabalí—. Un detalle de interés es que los rifles de este calibre tienden a ser melindrosos con la cartuchería, y no siempre tiran bien con todo —algo que puede que destaque porque a este calibre solemos exigirle más en precisión.

Pese a que no tiene un aspecto muy impresionante, sus características sí lo son: une a su elevada velocidad inicial unas balas con buena balística que le confieren, no sólo una trayectoria muy tensa, sino que además es poco sensible al viento cruzado, así que permite efectuar tiros sin preocuparse por nada más que centrar perfectamente las miras en el blanco: la trayectoria se desvía muy poco en vertical (con un buen centrado de miras, menos de 10 cm hasta 250 m) y muy poco hacia los lados en caso de viento transversal (menos de 15 cm con vientos de 4 m/s hasta esas distancias). Y concentrarse en la puntería es algo que el retroceso moderado de este calibre (alrededor de dos tercios de un 30-06 en rifles de igual peso), hace mucho más fácil. Las piezas de caza están de enhorabuena porque el .243 no se emplee más: de lo contrario, el número de reses abatidas aumentaría apreciablemente.

Conclusión: altamente eficaz por su balística aprovechable para cualquier tirador, y la solución ideal para quien tenga problemas físicos (lesiones de hombro o cervicales, etc.) o de falta de adaptación al retroceso —sobre todo en un semiautomático con freno de boca—. Es también uno de los calibres más adecuados para rececho con rifles muy ligeros.