martes, 26 marzo 2019

En Contra de la Caza

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La caza atenta contra el derecho a la vida de los animales. Los seres vivos, por el hecho de serlo poseen un derecho natural a vivir, y su supervivencia está ligada al equilibrio depredador presa. Desde el punto de vista ético no se les puede privar de la vida por placer o deporte.


CazaLa caza hurta a los no cazadores el derecho a disfrutar de la naturaleza. Los cazadores son una minoría frente a los no cazadores. Pese a ello se apropian de las especies silvestres que son un patrimonio común. En jornadas de caza, andar por el campo recogiendo setas u observando pájaros se convierte en un ejercicio arriesgado.


La caza rompe el equilibrio ecológico. La actividad cinegética elimina palomas, perdices, conejos... que forman parte de la cadena trófica natural. Sin duda ello repercute en otros animales que dependen de aquéllos para sobrevivir. Al sustraer de la cadena trófica una parte de su biomasa se altera el equilibrio ecológico y los ciclos naturales de energía. Además está documentado que la caza ha sido causa directa de la extinción de las especies, como ocurrió con la paloma migratoria norteamericana.


La caza es una fuente de contaminación. El efecto más pernicioso es el vertido anual de toneladas de plomo en forma de perdigones, a veces concentrado en determinadas zonas como lagunas o marismas. El plomo, como metal pesado, es altamente nocivo para los animales. Está documentada la mortandad de aves acuáticas por ingerir involuntariamente perdigones mezclados con el fango que filtran.

 
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